Trump y la embajada de Jerusalem

Es interesante el fenómeno político sobre Jerusalem en el debate acerca del conflicto palestino – israelí. Muchos niegan el derecho israelí de proclamarla su capital, pero, entre estos que niegan el vínculo están quienes aplauden la idea de que exista una capital palestina en la ciudad vieja de Jerusalem, el doble discurso es evidente.

Y lo paradójico entra acá: ambas partes de la ciudad fueron ocupadas después de la guerra de 1948, la occidental por Israel y la oriental por Transjordania (actual Jordania), ambos incumplieron con la parte del acuerdo que proclamaba dicha ciudad un “Corpus Separatum“, sin embargo, quedó dividida bajo una línea de armisticio proclamada con el fin de la guerra a partir de 1949. Destacando de vuelta que se trata de líneas de armisticio y no son fronteras, pese a una extraña interpretación que dan algunos de manera muy conveniente para solicitar un retroceso hasta esas líneas de no agresión.

Después del armisticio, la capital de Israel se traslada de su sede temporal (Tel Aviv) a Jerusalem Occidental, y es desde allí donde actualmente se encuentran las principales instituciones del Estado y además donde los embajadores presentan cartas credenciales para trabajar en las distintas sedes diplomáticas.

El Reino Hachemita de Jordania desde 1950 se anexaría (con el beneplácito británico y paquistaní) la zona oriental, de la cual expulsaría a las poblaciones judías, profanaría sus lugares de culto y vetaría la entrada de cualquier israelí indiferente de su religión.

Estallada la guerra de 1967 (la de los 6 días), la parte oriental es conquistada por Israel y unificada junto con la parte occidental, lo que se incluiría dentro de los territorios disputados a través de la resolución 242, que no establece para nada el retorno a zonas fronterizas sino el regreso a líneas de no agresión antes del conflicto armado, sin dejar de lado que este movimiento se realizaría siempre y cuando se aseguren fronteras “seguras y defendibles”. Elemento que queda descartado momentáneamente por la “Resolución de los 3 No” en Jartum (Sudán).

Destacar que parte del debate sobre los territorios, ingresan en la narrativa si se tratan de “ocupados”, “disputados” o “administrados”, que en algún momento abordé en otro documento que puede leer siguiendo este link https://goo.gl/GmMSKP y donde queda manifiesta la diferencia entre cada uno de los lugares que se ponen sobre la mesa cada vez que el conflicto palestino – israelí entra en debates sobre delimitación territorial.

Cabe mencionar que en el supuesto de acuerdo sobre “Dos Estados para dos pueblos”, la máxima es que la “Ciudad Santa” se convierta en la capital de ambos territorios. No hay contradicción en que Israel diga que su capital es Jerusalem si la propuesta macro de solución del conflicto llegará a esa conclusión, a como también se menciona que Palestina tiene su capital administrativa en Ramallah, pero que la oficial debe estar ubicada en la zona oriental jerosolimitana, territorio al cual desde 1988 los jordanos renunciaron a cualquier soberanía sobre el mismo.

La discusión verdadera del asunto es determinar qué partes le corresponden a cada Estado que reclama derecho de piso, lo cual en definitiva es otro tema, y que no pasa por la superficialidad de si se niega o no el derecho de soberanía sobre el sitio por parte de Israel.

En los acuerdos de negociación con Arafat, se planteó la posibilidad de otorgar a los palestinos los barrios árabes de la parte Oriental de la ciudad, y mantener una supervisión dual sobre los lugares sagrados para evitar enfrentamientos de carácter religioso, en especial lo relacionado al Monte del Templo y la Explanada de las Mezquitas. Sin embargo, las diferencias e intransigencias de turno impidieron que se llevara a cabo cualquier acuerdo o solución real, especialmente por la personalidad tan particularidad del fallecido líder palestino Yasser Arafat.

En ocasiones, como las supuestas filtraciones de la prensa en Arabia Saudita, la zona ofrecida de Jerusalem para los palestinos es la ciudad de Abu Dis que dista de los reclamos planteados por los liderazgos menos intransigentes (los más reclaman el territorio desde el Jordán hasta el Mediterráneo).

Ahora bien, ¿qué cambiaría en el terreno, la movida que pretende hacer el presidente Donald Trump de trasladar su representación diplomática ante Israel hacia Jerusalem? La respuesta inmediata es nada, siempre y cuando lo haga dentro de la zona Occidental, si el movimiento lo realiza hacia algún barrio de la zona Oriental, deslegitimaría cualquier acuerdo o propuesta de partición de la ciudad y por otro lado reconocería de facto la Ley de Jerusalem dictaminada por Israel en los 80s donde proclama la ciudad unificada como la “Capital única e indivisible del país”, lo que generaría serias inestabilidades a nivel internacional, además que si la acción no es coordinada con fuerzas importantes de la región y países del mundo que al menos no se opongan de forma enérgica, el efecto rebote no traerá consigo buenos augurios, aunque cabe destacar que el cambio no lo puede realizar de inmediato sino que podría tardarse algunos años (3 o 4 según informes).

Si se ve a nivel diplomático, este es un movimiento innecesario en la realidad actual, las tensiones a nivel global no dejarían pensar que este tipo de iniciativas se lleven a cabo. Disgustar toda una región en un momento donde han estado cerrando filas a favor de una coalición contra Irán, da todas las señales de ser una decisión y salvo el romanticismo y el idealismo de algunos grupos, esto en realidad no acarreará resultados positivos.

Sin embargo, se debe considerar un factor inmediato que podría estar llevando a esta situación actual. Las movidas en foros internacionales por parte de los palestinos para desvincular a los judíos de sus lugares sagrados en el territorio, por ejemplo, en la UNESCO o resoluciones en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas donde una vez más la agenda es secuestrada por resoluciones que se empeñan en deslegitimar a Israel, recibiendo los israelíes un fuerte apoyo por parte del gobierno estadounidense, muy acorde con el discurso del presidente Trump.

Por supuesto que las posiciones beligerantes acarrean otras respuestas igual o peor de beligerantes y los discursos que puedan alejar los procesos de paz. En un conflicto con los niveles de arrastre mediático como este, cualquier otro tema en el mundo se olvidará porque hay nuevos focos de tensión entre israelíes y palestinos, por supuesto, en esta ocasión no se trata de cualquier tema sino de Jerusalem que por ser un lugar religioso amplía las tensiones y que lo digan las manifestaciones por el uso de detectores de metales en el Monte del Templo (Explanada de las Mezquitas) posterior a un atentado terrorista.

Como quiera que sea, la decisión que al final tome el presidente estadounidense será una cereza más en su pastel de impopularidad y en el marco de un conflicto que en realidad tenía un tanto “abandonado”, regresa a la escena tomando una decisión que sobre pasa a las medidas contra la agenda anti israelí de organismos internacionales, llegando a alterar de una forma negativa cualquier eventual solución apegado en el marco de los dos Estados, a pesar de que el gobierno estadounidense indica que esta movida no tiene por qué alterar el proceso de paz, lo dicho del caso es que un guiño de esta magnitud afecta y mucho cualquier decisión política que posteriormente se pueda llevar al respecto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *