La legitimidad artificial de la constituyente venezolana

El Ministerio Relaciones Exteriores y Culto y en su defecto la Presidencia de la República, merece una ovación de pie al haberse manifestado contra esta parodia de elección Constituyente en Venezuela. Cabe mencionar; para quienes insistirán en que Costa Rica tiene problemas caseros ante los cuales se debería concentrar esfuerzos que en temas de agenda internacional, que no vivimos aislados, que esa mentalidad tan localista y realmente “Valle Centralista” deja en evidencia la falta de comprensión sobre los alcances de una situación internacional que sin duda repercutirá de diversos modos a nuestra realidad nacional; recordemos que uno de los principales aliados de Venezuela es el vecino del Norte.

Esta generación se ha convertido en testigo y parte de la historia en la legitimación de un régimen dictatorial. No por nada Maduro dijo que él impondría sus intereses por las buenas o por las armas, por esa razón, hablan de 8 millones de asistentes a las urnas, porque está claro que necesitan aparentar tener más votos que el llamado a Plebiscito de días atrás, es el juego de la manipulación de masas, y de manifestar una forma de empoderamiento frente a aquellos que llaman a luchar contra el liderazgo del cual Nicolás Maduro es solamente la punta visible del iceberg en una estructura mucho más compleja, producto del desgaste en la clase política venezolana y de un grupo político que ha logrado consolidar su poder, como bien lo manifestó el propio presidente venezolano en su primera intervención después de los resultados, cerrando filas contra la oposición.

Tiempos terribles parecen avecinarse para los venezolanos con ese liderazgo enfermo y desgastado. Además, una situación peligrosa en América Latina, donde se pensó que con la salida de los Castro quedaría atrás las dictaduras enfermizas, pero los ejemplos de los regímenes en Managua y Caracas dan fe de otra realidad que no se esperaba ver de nuevo.

¿Quién dice que no se puede viajar en el tiempo? Gracias a Maduro y el binomio Ortega – Murillo se impone una nueva cortina de hierro, y se retorna a la era donde los países de la región, tan golpeados por la miseria económica, venden sus territorios a liderazgos globales a cambio de armamento y de perpetuidad de sus poderes a costas por supuesto del pueblo.

Además de Costa Rica, una gran cantidad de países en la región han rechazado este proceso, acusándole de estar sesgado y abiertamente manipulado, es una pena que lejos de una manifestación política, mucho no se pueda hacer por evitar lo que desde la cuasi eternidad del liderazgo de Hugo Chaves se veía venir, estos llegaron para quedarse.

La pregunta que cabe es si cuenta con legitimidad el régimen chavista (sin Chávez), sí la poseen, pero no se confundan, en este caso es una legitimidad artificial, de papel, construida e impuesta por el poder opresor que aplica el gobierno contra la oposición, pero para los efectos internacionales, la legitimidad se limita a un grupito de países cuestionables.

Los que apoyan el sistema chavista, argumentan que en el país que hay libertad de expresión en Venezuela porque en las conferencias de prensa hay medios de muchos lugares del mundo, sin embargo, el régimen aplica la falacia del hombre de paja deslegitimando lo que estos hacen acusándoles de ser “lacayos del imperialismo”.

Legitiman sus procesos electorales porque son quienes controlan los padrones y están atentos a los movimientos de los grupos políticos y dan resultados que, aunque sean cerrados, les favorezca. Y además controlan en cierto modo las acciones de los demás poderes del Estado, incluyendo el nada despreciable poder militar.

Poco a poco han tratado de ningunear a la oposición, esto puede resultar desgastante ya que, hasta este momento los grupos contrarios al gobierno pueden lograr unir fuerzas para luchar contra el régimen. Sin embargo, se encuentran en una lucha contra el tiempo, de no verse una salida próxima; incluyendo una revolución armada, se pueden minar los alcances de estas agrupaciones y terminarán en algunos casos cediendo o convirtiéndose en exiliados.

Lo que sigue es complejo, la legitimidad internacional del régimen queda en evidencia que no cuenta con un respaldo positivo, esto no es un problema, hay países que internacionalmente han podido conservar o radicalizar su discurso beligerante y contar con un puñado de países que sigan sosteniéndolos económicamente o que al menos les den lo básico para sobrevivir, por lo que tampoco la presión económica pueda hacer mucho. Además, el gobierno actual de Venezuela cuenta con la legitimidad en su accionar de países como Nicaragua, Bolivia, Ecuador, y hasta Rusia en ciertos aspectos, por lo que la polarización internacional es más que evidente y cualquier declaración será como ver llover.

La principal labor contra los chavistas lo tienen los propios venezolanos a lo interno, con lo difícil que será revertir las circunstancias actuales, ya que utilizando solo el artículo 350 de la Constitución no lograrán mucho, mientras los controles de los principales poderes se encuentren todavía bajo el convencimiento del gobierno, esto será una lucha sin fin.