Genocidio Cultural: 20 años después de los internados indígenas en Canadá y el proceso de reconciliación

Por: Gustavo Chavarría
«Un pueblo sin el conocimiento de su pasado, origen y cultura es como un árbol sin raíces».
Marcus Garvey
El 2017 representa un año importante para Canadá. El primero de Julio la nación de la «hoja de maple» celebró sus 150 años como nación soberana e independiente. Con el Primer Ministro Justin Trudeau a la cabeza del Parlamento y la Cámara de los Comunes, Canadá ha experimentado un crecimiento económico y social muy importante. Con sus reformas y políticas liberales en donde, los refugiados de las naciones de Medio Oriente pueden comenzar de nuevo y rehacer sus vidas, hasta la aceptación de las libertades individuales y ciudadanas de la comunidad LGBT, Canadá es una de las naciones líder en los rankings de bienestar, seguridad social y crecimiento económico. No es de extrañar que el mundo hoy en día vuelva las miradas a las actuales políticas liberales y progresistas de Trudeau y su parlamento, y más aún cuando se trata de ofrecer oportunidades sin exclusión a las minorías que día a día alrededor del orbe luchan por un espacio sin discriminación donde la felicidad y satisfacción como ser humanos puedan ser alcanzadas.


Pero es aquí en el tema de las minorías que, Canadá al igual que muchas otras naciones de América, todavía mantienen una deuda de índole sociocultural con sus primeros ciudadanos: los nativos americanos. Y es que Canadá, al igual que los Estados Unidos, posee una historia oscura de rechazo, exterminio y exclusión hacia sus Primera Naciones. Aunque los nativos canadienses no sufrieron al mismo nivel de degradación a como sí lo hicieron sus contrapartes estadounidenses, los nativos canadienses sí fueron víctimas de una forma de violencia poco discutida y que, más que el daño causado por la violencia física y las masacres de nativos en EEUU, dejó una herida que podría tomar generaciones en ser curada: el Genocidio Cultural. Acaecido en el año 1996, el gobierno canadiense cerró el cual fuese el último internado indígena, forma de institución de índole religioso-gubernamental que, en su más de 120 años de existencia, albergó a más de 150.000 niños nativos en una cruzada de «Europanización y Canadización de las juventudes indígenas para su adaptación en la cultura de Occidente». Estas instituciones sirvieron el propósito de la re-educación y reforma de los niños de las decenas de naciones indígenas en Canadá, despojandolos de sus padres y de sus tradiciones, identidad, cultura e idioma. Se estima que de estos 150.000 niños, al menos 6000 (se cree que este número se puede triplicar) murieron víctimas de la tuberculosis, los maltratos y abusos recibidos por sus instructores y la malnutrición. Existen muchos más datos que valen la pena mencionar en este artículo, pero es necesario entender este episodio de la historia canadiense a través de hechos cronológicos y se espera poder crear una conciencia del panorama que la relación del gobierno y sus primeros pobladores lleguen a concretar. A continuación, los puntos más relevantes a nivel histórico- cultural:


Finales del siglo XIX: la formación de los internados indígenas


La realidad de las Primeras Naciones en Canadá era muy similar que en Estados Unidos: los nativos eran reprimidos y expulsados acorde al avance del «hombre blanco» y al movimiento de su civilización y construcción de sus ciudades. El gobierno canadiense afirmaba que, al igual que los estadounidenses, era imperativo propagar el ideal de la civilización, el cristianismo y los ideales europeo-americanos a los nativos. Bajo una estela racial, el hombre blanco canadiense se autoproclamó como la raza superior para guiar a los inferiores y salvajes nativos al camino de la cordura, el avance social y económico. Es a partir de estos ideales que en 1876 se fundan los internados indígenas con el propósito de educar, reformar y adaptar a los niños nativos a la civilización. Todos estos internados eran financiados y regulados por el gobierno federal canadiense y estaban aliados a diferentes corrientes religiosas. Se estima que al menos un 70% de estos internados eran católicos, el otro 30% era dividido en diferentes corrientes anglicanas y protestantes.


Metodología de los internados


Los niños eran internados desde muy tempranas edades. Muchos de ellos fueron secuestrados o tomados a la fuerza desde recién nacidos. El mismo gobierno propiciaba el rapto de estos niños desde las reservas indígenas. Los idiomas nativos eran fuertemente reprimidos. De esta forma, los niños eran forzados a aprender y utilizar el inglés en todo momento, además de reprimir sus creencias para abrazar el cristianismo. A muchos de sus padres jamás se les fue permitido verlos, más los que lo lograron eran objeto de estrictas medidas de seguridad similares a las de una prisión. El objetivo primordial de estos internados era la represión de los ideales y cultura indígena, una vez que estos fueran erradicados, los niños estarían listos para socializar en el nuevo mundo civilizado de la nación canadiense. Muchos de estos niños nunca encontraron esta salida, como se mencionó anteriormente, se estima que al menos 6000 niños murieron víctima de la enfermedad, abusos y la malnutrición. Los niños eran obligados a realizar trabajos forzados y eran frecuentes víctimas de abuso físico y sexual. Al menos unos 35000 casos en promedio se han revisado y resuelto por parte del gobierno canadiense en donde se comprobó abusos sexuales por parte de los instructores. A lo largo de su historia, los internados fungieron por más de 120 años, donde sus localizaciones se daban en un puntos estratégicamente alejados para que fueran difícilmente encontrados por los padres. Aún siendo capaces de encontrarlos, los padres eran penalizados o hasta objeto de condena con prisión si estos intentaban llevarse a sus hijos o esconderlos al momento del rapto.


Periodo Post- Segunda Guerra Mundial: el cierro de los internados y «rapto de los 60’s»


Los internados funcionaban bajo las leyes y regulaciones de las provincias canadienses. Esto significaba que aunque eran financiadas por el gobierno federal, su existencia y administración era responsabilidad de la entidad religiosa de la institución en cuestión y por las leyes provinciales (razón por la cual el último internado se cerró hasta 1996 en la provincia de Saskatchewan). A partir de los años 40’s el gobierno federal comienza a reformar la Ley Para Los Indios y se da un lento cierre de estas instituciones. El gobierno comienza a darse cuenta que el método de reeducación y adaptabilidad enseñado era obsoleto. Sin embargo, no cambia el hecho de que aún se inclinara por ciertas medidas para promover la «civilización» de los nativos americanos. Asimismo, a partir de los años sesenta se da el suceso acuñado como el «rapto de los 60’s» el cual consistía en el secuestro de recién nacidos de los albergues y reservas indígenas. Este rapto llevaba como resultado la adopción de estos bebés a familias de clase media respaldadas por el gobierno, o bien, eran trasladados a Estados Unidos o Europa para ser adoptados ahí. Estos niños (los cuales son parte de los 70.000 sobrevivientes de los 150.000 en totalidad de las víctimas de los internados) crecieron sin conocer absolutamente nada acerca de su pasado y legado histórico. Como resultado, para el inicio de la década de los 80’s estos nativos que nunca conocieron su legado comenzaron a alzar su voz y buscar reunirse con sus antepasados de las Primera Naciones. Estas reuniones fueron dándose al mismo tiempo que el gobierno comenzaba un largo trayecto en el proceso de reconciliación con la pérdida cultural e histórica de estos nativos.


Los años noventa a la actualidad: el proceso de reconciliación y la formación del TRC


En 1998, el gobierno promulgó un Enunciado de Reconciliación, en donde pide perdón a todas aquellas víctimas que fueron abusadas tanto física como sexualmente en los internados indígenas. El gobierno crea la Fundación de Sanación Aborigen con un presupuesto de 450 millones de dólares canadienses (C$450.000.000). Esta institución cierra en 2014 debido a un corte del presupuesto ordenado por el Primer Ministro Stephen Harper en 2010. El cierre de esta institución representó un retroceso al proceso de reconciliación, ya que esta fundación era clave en los tratamientos de traumas y enfermedades mentales que sufrieron los sobrevivientes, dando como resultado una serie de suicidios por parte la nación Attawapiskat. En 2005, el gobierno anuncia una compensación de C$1.9 billones. Esta compensación logró indemnizar exitosamente a los existentes 86.000 sobrevivientes para ese momento, de acuerdo a la cantidad de años que pasaron en los internados, siendo indemnizados hasta C$12830 por solo el primer año de internado. En el año 2008 se funda la Comisión para la Verdad y la Reconciliación (TRC por sus siglas en inglés) en donde por un periodo de 6 años, sobrevivientes de los internados viajan por todo Canadá recolectando información, evidencia y testimonio de todas aquellas víctimas e implicados de las políticas de los internados indígenas. Esta gira concluye en 2015 con testificación de más de 6000 víctimas de las Primeras Naciones y un reporte dividido en 6 volúmenes, con más de 4000 páginas en total. Esta organización aboga por la transición del perdón a la acción, con el propósito de preservar el legado de los internados como patrimonio para nunca olvidar y aprender de lo que consideran como «el episodio más oscuro y racista de la historia de Canadá».


Canadá y las naciones aborígenes hoy


Recientemente, en Octubre de 2017, el gobierno canadiense aprobó la compensación de C$800 millones para indemnizar  a los afectados del «rapto de los 60’s». El Primer Ministro admitió que el proceso de reconciliación tomaría tiempo y que espera que un día, Las Primeras Naciones vuelvan a alzar el rostro en orgullo por sus raíces y su perfil identitario. Trudeau reconoce que si se espera un verdadero progreso, todos deben ser bienvenidos en aportar a Canadá, sin necesidad de exclusión alguna. Es válido rescatar que, a pesar del periodo oscuro que vivió esta nación, Canadá excede las expectativas como un gobierno inclusivo. Murray Sinclair por ejemplo, es conocido por ser el primer juez aborigen de la provincia de Manitoba y actual senador de la misma. Sinclair ha presidido en reiteradas ocasiones el TRC y ha sido promotor de los derechos de los nativos americanos.


Canadá enfrenta todavía un reto en el tema de la aceptación del legado indígena. A pesar de que han pasado 21 años desde el cierre del último internado aborigen, al menos un 22% de la población joven aborigen se encuentra aún en casas de adopción por motivo de abandono. Este 22% solo representa un 3.9% de la población joven canadiense en totalidad. Aún así, el porcentaje de niños adoptados de raíces aborígenes ronda del 60% hasta un 78% en algunas provincias. A pesar de que estos niños son beneficiados con grandes recursos culturales y económicos por parte del gobierno, los nativos que aún se encuentran enclaustrados en reservas sufren de aislamiento, pobreza, poca infraestructura y altos costos de vida.


¿Qué se puede aprender de todo esto?

El tema de la relación del hombre moderno con sus raíces ha sido y siempre será un tema de discusión. Ya sea por razones de raza, credo, religión o estatus, las sociedades humanas tienden a imponerse sobre otras. Aún en el siglo XXI, es difícil discutir temas de igualdad y equidad cuando se piensa que los derechos individuales se anteponen a los derechos de la comunidad. El problema recae en que como seres humanos, las etnias tienden a observar y tomar cosas como meritorias debido a las acciones o por un supuesto derecho de pertenencia decretado por la historia o un legado. El egoísmo y el aislamiento mental no permite ver más allá de lo que se tiene por hecho. En una realidad globalizada como lo es la del siglo XXI, es necesario aprender a abrazar todo eso que es diferente y que tal vez no representa los ideales que se buscan. Ya no existen «razas superiores» ni elegidas por una deidad para guiar al mundo a una utopía. Este es un mundo donde las diferencias deben ser apreciadas y admiradas. En un esquema de las relaciones internacionales, hay que comprender que somos ciudadanos del mundo. Canadá pudo no haber sido exenta de vivir una época oscura de represión cultural. Sin embargo, esto nos hace más conscientes de que los males que asolan la humanidad no solo vienen de la industria de la guerra, la peste o la masacre, sino también de la represión de lo que nos hace humanos: nuestra identidad. No existen recetas mágicas para resolver los conflictos humanos, no hay método único. Sin embargo, se puede volver la mirada a Canadá, que aunque enfrentó un episodio negro de su historia, Canadá es vivo ejemplo de una lucha constante por el progreso y las igualdades.