El papel de la política en la época actual

La política en la sociedad costarricense es un factor determinante para el desarrollo y ordenamiento, de tal forma que todo el sistema se acomoda por medio de esta, en todas las áreas de desempeño del país; la seguridad social, economía, sistemas jurídicos, etc.

Sin la existencia de la política en el ordenamiento social y a través del ordenamiento jurídico, Costa Rica estaría sumergida en una anarquía total, con leyes similares a la selva en la cual solamente sobrevivirían los “más fuertes”, o como determina el “Darwinismo social”, los más aptos. No habría protección adecuada para  aquellos que se puedan sentir marginados ante la ausencia de liderazgos reales en la sociedad, en otras palabras, una especie de suicidio social.

Al no haber una estructura adecuada para que el liderazgo sea un proceso de cambio permanente, sino solo una administración improvisada y temporal, elementos de sobrevivencia en el Estado son nulos y la identificación con un territorio deja de ser determinante, se dedican los “administradores de turno” a desgastar recursos sin mayor interés en el futuro, ya que una vez acabado el período de gobierno o los recursos con que cuentan, emprenden una “migración” hacia nuevos rumbos políticos, donde puedan de nuevo, cuales langostas seguir consumiendo recursos de manera insostenible.

El desarrollo de la política se ve mejorado con ideas frescas, cuando se deja de reciclar liderazgos desgastados o corruptos, así como cuando se abren o se crean espacios adecuados para que nuevos individuos, actualizados y no encasillados en viejos paradigmas descontextualizados, puedan mostrar sus propuestas.

Por supuesto, sin que lo anterior signifique que se deba desechar a los viejos y buenos liderazgos, sino simplemente promoverlos a una nueva función de ser consejeros, sabios con experiencia que puedan recomendar basados en sus vivencias, como “viejos lobos de mar” que conocen cada ola que se enfrenta en el extenso océano de la política.

Pero también la política se ve mancillada, prostituida y hasta destruida cuando se convierte en una plataforma de favores para satisfacer el ego de ciertos individuos que buscan el bienestar personal más allá del colectivo, o también causando fuertes daños a la integridad del Estado con individuos o colectivos que están detrás de enriquecerse y apropiarse de recursos aportados por los ciudadanos.

En algunas ocasiones además, olvidan que aún los Derechos Humanos colocan por encima del individuo a la sociedad en pleno, y las constituciones lo dejan manifiesto para complementar lo que aparece en el Derecho Internacional. Es por esto que cuando se cree que se alcanza el poder político para saciar apetitos de control social, ya sea como individuos o como una “Élite”, se pierde el rumbo y se dirige a caer en el precipicio de la deslegitimación por parte de aquellos que brindaron su confianza en las fuerzas representativas que se supone están para sustituir los elementos del Estado que se han desgastado y para que se propongan nuevos caminos hacia el desarrollo.

Ahora bien, una de las colectividades que se ven más desilusionadas con la prostitución de los poderes políticos, es la juventud, que además de recibir de los mayores, una serie de percepciones negativas acerca de los liderazgos actuales, en muchas ocasiones se sienten excluidos de lograr convertirse en generadores de cambio para el país. En infinidad de oportunidades los dejan “calentando la banca”, a la espera que los políticos desgastados se cansen de desperdiciar los recursos del Estado.

Lo que es peor, una vez que estos políticos salen e ingresan los que con sus energías estuvieron esperando, llegan con vicios que aprendieron viendo desde la experiencia de la “vieja escuela” y finalmente terminan por aplicar las mismas recetas que sus antecesores; causando más daño del ya ocasionado o en ciertas oportunidades aplicando medidas paliativas a problemas nacionales que necesitan de una operación profunda.

Los jóvenes buscan un rol más activo y participativo, sufrir menos discriminación; no convertirse en ocupadores de espacios por cumplir con un requisito, una cuota obligatoria de cumplimiento para algún partido político o de liderazgos en alguna de las áreas de la política, sino para enriquecer y fortalecer los elementos  del Estado, en palabras de Miguel Acosta Romero:

“El Estado es la organización política de un país, es decir, la estructura de poder que se asienta sobre un determinado territorio y población”.

Una estructura de poder, ordenada y con elementos que le dan ese ordenamiento y que busca ser organizado correctamente.

Desde la experiencia de cada profesional, se debe procurar un importante aporte en la política nacional, desde diversos flancos. Se puede por ejemplo, tomar ejemplos de modelos que han funcionado en otros lugares del mundo, intentar adaptarlos consciente y objetivamente a la realidad nacional, procurando que las ideas no se vean “maleadas” al cruzar el trópico, como ocurre en ocasiones con los modelos de desarrollo que se copian casi en su totalidad y se cree que se le puede recetar la misma fórmula sin considerar las circunstancias del país.

Adicionalmente, se puede emprender campañas a favor del trabajo por el país basado en las capacidades intelectuales y físicas que cada persona tiene, porque en reiteradas ocasiones se desperdicia capital humano al ubicarlo en áreas ajenas a su preparación, o se marginan buenos individuos capacitados para una labor, y lo sustituyen por otro, con el fin de brindar un favor político.

Se debe pues, aportar una capacidad administrativa de no subutilizar las mentes de los profesionales en tareas que no le estén generando mayores beneficios al país. Por supuesto que para que esto sea realidad, se deben plantear objetivos alcanzables, y lo ideal es que esas capacidades administrativas se vayan superando a sí mismas, sin tener establecido un techo fijo sino, levantarlo conforme se va avanzando.

Pero el principal aporte a la política (como un todo en la sociedad) que se debe intentar aplicar, es el de educar a la población en que se cambien sus paradigmas que lo empujen a modelos mediocres; que se cambie la mentalidad de país subdesarrollado e intentar que busquen horizontes hacia el desarrollo. Esa permuta mental es imperativa aplicarla para lograr salir de la trampa del subdesarrollo, porque sin duda la mentalidad de la sociedad debe modificarse y fortalecerse con ideas frescas que haga entender de una vez por todas, que el principal retraso que impide ese paso a un mejor país es ideológico, esto representa un verdadero reto.