Del malismo al buenismo

Por: Pilar Rahola

Si algo emociona a los catalanes, es demostrar que somos una sociedad acogedora. Y esa voluntad, que ha forjado durante siglos un país de encuentros, alzó los corazones y marcó el relato de estos días trágicos.

Catalunya quería demostrar que es abierta y que el terror no impondrá prejuicios, ni odios. Fue así como, sin pestañear, la sociedad catalana neutralizó toda idea malista derivada del atentado y gritó no a la islamofobia. Es decir, no a la intolerancia, no al estigma contra un Dios o una cultura. Así somos y así lo demostramos, y la posibilidad de que se generen discursos parafascistas que alimenten la confrontación contra los musulmanes es por suerte muy pequeña. Quizás la metáfora más bella de esa voluntad fue el abrazo del padre del niño de Rubí con el imán de la zona: una foto para la concordia.

Aunque cabe un apunte oscuro: esa tolerancia para con los musulmanes no siempre se da con los judíos, que aún sufren estigmas atávicos inaceptables, como la desagradable derivada en la manifestación, cuando una pareja con bandera israelí tuvo que ser escoltada policialmente. El tema judío siempre es tema aparte al hablar de tolerancia…

Pero incluso con ese paréntesis obligado, lo cierto es que el malismo no tiene cabida en Catalunya, y ese fue el relato que se impuso por encima del dolor y la rabia: sí a la vida, sí a la convivencia. Sin embargo, y neutralizado el malismo, ¿se evitó el buenismo? Es decir, por la voluntad de practicar el abrazo universal contra los fabricantes de xenofobia, ¿caímos en el extremo de una irresponsable ingenuidad buenista? Me temo que sí, y lo que debía ser un relato completo, equilibrado en los verbos y en las intenciones se convirtió en otra generalización que cayó en el discurso del todo el mundo es bueno, nadie tiene culpa y sólo un mal abstracto, sin definición, ni nombre, es el responsable de la muerte masiva. ¡Buf! Ni tan sólo se nombró el yihadismo, no fuera a ser que molestara a alguien. Y en la defensa de los ciudadanos musulmanes, por supuesto necesaria, nunca se habló del enorme problema que tenemos en Catalunya con los imanes salafistas.

Es decir: abrazos con imanes, por supuesto; pero, al mismo tiempo, exigencia de que defiendan los valores de la democracia, se comprometan con los derechos fundamentales y no alimenten la idea de una sociedad regida por la charia. Cosas que pasan profusamente en nuestro país, o ¿nos hemos olvidado del enorme problema que significa ser un foco europeo de salafismo? Por supuesto están los asesinos que perpetran el atentado.

Pero, a la vez, ¿quiénes son esos tipos que destruyen el cerebro de un joven y lo convierten en un ser sin alma? Aquí tenemos fabricantes de odio, malistas en nombre de un dios, fascistas islámicos, y esconderlo es tanto como banalizar el mal. No al malismo, pero, con la misma contundencia, no al buenismo. Ambos son letales.

Por el camino de luchar contra el malismo ¿caímos en el extremo de practicar la ingenuidad buenista?

Fuente: La Vanguardia

*La autora es periodista española.